30 octubre 2020
Estaba triste, llevaba sus tres de Marie Brizard y la lengua andaba lejos de las intenciones de su cabeza y solo obedecía los impulsos del corazón. Cantante en el París la nuit de los 60, amante de mil almas en busca de ser deseadas, solo encontró el amor a los 50 en que la mujer de su médico le cautivó. La quiso la deseó y, hasta, la disfrutó. Él nunca habla de ella, eso fue hace mucho tiempo, ocultó su amor en el rincón del alma que más duele, el rincón del desprecio, y nunca pudo perdonarle que tras unos meses locos de tortuosa entrega a los placeres del sexo y del amor mas carnal, ella decidiera romper con él porque amaba a su marido. Pero hoy su corazón sangraba, su Florence se ha ido para siempre. Un delator telegrama que yacía sobre la barra, arrugado y mojado, se lo acababa de anunciar. Fue su último deseo, el de ella. Le dijo a su marido: Si me muero, mándale un telegrama a Antoine y dile que nunca dejé de amarle.

cosas muy locas y terribles de la vida pero que suceden. Por eso nunca hay que dejar de decir lo que sentimos, a nuestros padres, amigos, parejas, hijos...porque luego no habra tiempo... Una entrada triste pero hermosa Besos Enrique y bonito fin de semana
ResponderEliminarAy, Eli, cuantas y cuantas historias de amor incomprendido ha habido y habrá, sin que sepamos nunca nadie que existió o existirá. A veces, a fuerza de olvidarlo, ni nosotros mismos.
EliminarUn abrazo muy fuerte.
Hay amores que se deben ocultar y callar su sentir, en este caso ella hizo bien en mandar el telegrama, asi se fue en paz. Cosas del amor amigo Enrique. Saludos.
ResponderEliminarCosas del amor incomprendido, amiga Sandra. Así son tus bellos poemas, siempre o casi siempre, un bello canto al amor nunca correspondido, ni olvidado.
EliminarUn abrazo de sábado