17 junio 2020
Estaba viendo el partido de los domingos en el comedor de la Casa de Enrique, el Micó, que era una de esas preciosas casas bajas que aún hoy, creo, siguen en pie y que eran nuestra alegría allá por los 60 en el Pasaje San Pablo, frente al Hospital de Sant Pau. Serían ya las ocho y media y decidí bajar al sótano donde estaban todos celebrando uno de esos pintorescos guateques de la época. Bájate a la fiesta, Enrique - me decía la madre del Micó - por mucho que te guste el fútbol, tú eres muy joven y debes estar de fiesta con ellos, insistía. Bajé, si, y allí me vi poniendo los discos tan ricamente, mientras los otros daban saltos o cosas parecidas con el Let's Twist Again, una vieja canción del 61, en la versión de Richard Anthony, que es la que a mi me pirraba y, además, me daba con ello un aire de tío moderno y singular y muy reacio a eso de ir detrás de las niñas porque sí.
Luego lo de moda excitante como el Black is black de Los Bravos y otras de los Kinks que también me pirraban, pero todos iban locos porque les pusiese el Strangers in the night de Sinatra a la que se enteraban que la madre del Micó había salido a hablar con la vecina. Mientras ponía los discos, levanté la vista, varias veces, para ver a una pícara pelirroja que, flequillo en frente y risa burlona, era el centro de atención de mis “colegas” mientras bailaba y hablaba con un don sobrenatural.
Lo curioso es que hoy, con alguna dificultad, eso si, y pasados ya más de 50 años desde aquella fiesta, seguimos haciéndolo y, también, desde entonces nunca me he separado de esa pícara y feliz pelirroja que me ha dado la vida.
Luego lo de moda excitante como el Black is black de Los Bravos y otras de los Kinks que también me pirraban, pero todos iban locos porque les pusiese el Strangers in the night de Sinatra a la que se enteraban que la madre del Micó había salido a hablar con la vecina. Mientras ponía los discos, levanté la vista, varias veces, para ver a una pícara pelirroja que, flequillo en frente y risa burlona, era el centro de atención de mis “colegas” mientras bailaba y hablaba con un don sobrenatural.
Lo curioso es que hoy, con alguna dificultad, eso si, y pasados ya más de 50 años desde aquella fiesta, seguimos haciéndolo y, también, desde entonces nunca me he separado de esa pícara y feliz pelirroja que me ha dado la vida.
Excelente amigo!!!!! Lo disfruté, me gustó la lectura.
ResponderEliminarSaludos.
Me alegra muchísimo saberlo, Loli.
EliminarUn abrazo de jueves