12 noviembre 2020
Solo quería andar un poco y casi me vuela el aire. Puesto en el cuatro ruedas veo todo de otra manera.
Paro en la Iglesia y ni Antoine ni Arnaud andan por allí. Nadie muy conocido. Todo el mundo muy despeinado y hasta Marian, la rubia de toda la vida, la viuda más guapa de la Playa, andaba con los pelos a estilo leona de París. Unos aguerridos, encorbatados, y veinteañeros muchachos del estilo Azca, salen de la segunda fila y se ponen a mi lado. "Aquí si se la ve bien, Boris", le dice el mas rubio al otro. "Qué buena está", dice el otro" - "Si Aigor". Me entretengo en seguir su interés y se trata de mirar a la hija de Marian. Claro, no es mal lugar para entablar relaciones humanas, aquí la gente es pura y de buena familia.
Al rato, veo a Juan el "Trosqui", en la segunda fila cumpliendo a rajatabla el "de pie" y el "Sentaros" del cura amigo con toda maestría y con ello nadie diría que fue uno de los niños de la guerra que acabó en Moscú en el 37. El "Trosqui" se vino a Spain allá por los 80, montó un negocio de venta de ahumados y se forró. Ahora, a sus 80 años, vive tranquilamente con su Yelizaveta en un chalet de la Playa de San Juan. Luego descubro que "Aigor" y "Boris" son sus nietos. Nos juntamos todos y puedo asegurarme que la belleza de Marian sigue donde estaba y que su hija, Marina, es una extraña copia de su madre, pero con un pelo moreno azabache bellísimo. Pregunto por Antoine y por Arnaud y me dice Juan que se han ido a Viena a pasar unos días.
Le doy un fuerte abrazo a Juan y una cortés semiflexión para despedirme del resto.
Me voy a comprar mis revistas, mis verduras y mi paseo por la Oficina de la Playa. Le he preguntado a Cohonesto si todo va bien y me parece que no ha sabido que decirme. Solo he oído el batir de sus ramas por el fuerte viento que reinaba en una mañana deliciosa de los Otoños Alicantinos de siempre, las cuales no cambiaría por nada del mundo.
.
.


Que lindo escribes Enrique,
ResponderEliminarme hiciste sonreir e imaginar
a Marian como toda una leona
de Paris, jaaa, me agrado mucho
leerte.
Besitos dulces
Siby
Vaya, Siby, me alegro yo también de que estés por aquí. Ahora te sirvo un café y lo dejo en tu mkesa.
EliminarUn abrazo de viernes.
Cuando sales en tus paseos, nos llevas de la mano y podemos vivir cada una de tus experiencias encantadoras, y anécdotas de cada día. Besos mi querido Enrique
ResponderEliminarBesos para ti, también, dulce Eli.
EliminarUn abrazo de viernes.