viernes, 21 de agosto de 2020

Una mujer bellamente madura

Robert Doisneau
21 agosto 2020
  • Estaba sin saber que hacer cuando alguien me ha dado unos golpecitos de dedo huesudo en el hombro derecho y me ha preguntado: ¿Usted también espera al médico?
  • Una mujer bellamente madura, piel blanca, pamela color pastel y ojos color como el cielo más azul que jamás haya visto, me estaba sonriendo y esperando una respuesta.
  • No – le he dicho – bueno sí, estoy esperando que vuelva de desayunar para que me imprima las recetas pues se les ha terminado la tinta para las impresoras.
  • Usted es de Bilbao ¿Verdad? – me pregunta, nuevamente, la bella de los ojos azules.
  • La miré haciendo cara de sorprendido y sonriendo a modo de viejo ligón como si tratara de llevarla conmigo a la primera fila de la Misa de 9. No, soy nacido en la Barceloneta – le contesté finalmente.
  • ¿Puede guardarme el turno? es que he venido de urgencias y me han asignado este médico.
  • No hay problema – le he dicho.
  • ¿Le traigo un café? – me dice de forma muy sugerente mi setentañera de hoy.
  • Iba a contestarle que no pero me arrepiento y le digo: Capuchino sin azúcar, gracias.
  • Pasaron veinte minutos y vino mi café y mi chica de los ojos color cielo. Pasaron otros veinte hablando, ella y yo, de lo cómodo que es vivir enamorado de la vida y de alguien con quien contarle todos los problemas y sucesos del día a día. Entonces, justo cuando ya empezábamos a intimar apareció una celadora con una caja de hojas de papel A4 y cartuchos de tinta negra que hicieron las delicias del médico al verla llegar con tan necesario material.
  • Usted primero, me dijo mi chica, y yo entré, cerré la puerta y el médico me dice: Veo que conoces a Doña Elaia. Es de Bilbao, su marido se marchó de su lado en enero para venirse a Alicante a vivir su ocaso con un viejo amor de juventud, pero hace una semana la llamaron para contarle que su marido, a sus setenta y siete, murió de un infarto mientras estaba haciendo no se qué en una piscina de una urbanización de la Playa en plena madrugada. Una mujer valiente, tiene un positivo en heces y un PCR a 9 que hacen presumir lo peor. Es una mujer valiente, muy amable y con muchas posibilidades. Ah, tiene demencia senil incipiente, si no te conoce no te asustes, ella está bien pero no puede retener nada en su memoria.
  • Salgo y mi bella setentañera se levanta del banco de las esperas insufribles, se coge de mi brazo y me dice: Vamos para casa cariño … ¿Qué te ha dicho el médico?

2 comentarios:

  1. Wow, encantador encuentro, digo, texto. Un placer leerte amigo Enrique. Saludos.

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    Respuestas
    1. Lo mismo puedo decir de ti, Sandra.
      Un abrazo de sábado

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