jueves, 9 de abril de 2020

Vivir, el delito de vivir


09 abril 2020

"Un día me levanté viudo y pensé que no podría sobrevivir ni al dolor, ni a la necesidad; una mañana mi hija me llamó por teléfono para contarme que la habían echado de su empresa tras veinte años de fiel y ejemplar cumplimiento de su labor; dos años después me diagnosticaron un cáncer de colon y pensé que el mundo se acabó para mí; hace un año el Ayuntamiento declaró en ruina nuestra vieja casa y ordenaba el desalojo; hace medio año, todo cambió ...

En una fiesta para la tercera edad en un centro social municipal, conocí a una chica de Burjasot, también viuda, y nos hicimos amigos, primero, y pareja después.  Hoy vivo con ella en una casa que tiene en san Juan; mi hija consiguió empleo en una inmobiliaria en El Campello y la veo a menudo; tras tres largos años de lucha contra el cáncer, el mal ha sido dominado y aunque no es historia, a mis setenta, ya no es preocupación principal; mi vieja casa la compró un Promotor Inmobiliario muy conocido y nos dio una bonita cantidad de euros a cada vecino para hacerse con el edificio ... "

Todo esto me lo contaba Juanito, un viejo y conocido empleado jubilado de una céntrica entidad bancaria alicantina, en la ya inevitable sala de espera de cualquier centro de salud de mi agenda de citas. Cuando se iba, al despedirse, me dijo algo para grabar a fuego en cualquier libro de intenciones vitales: "Ya ves, Enrique, esos son los peligros del delito de vivir, lo importante es querer superarlos" ...  a lo que yo, sin decírselo, le contesté ... "y saber hacerlo como tú, viejo amigo"




enriquetarragófreixes

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