Llegan las noches de los martes, o de los jueves o de cualquier día, y unas son mejores que otras. Hoy, sin poder ponerme a llorar de alegría satánica, no es de las mejores.
Muchas cosas en que pensar y demasiadas por hacer, sí, he escrito por hacer. Son esas miles de cosas que vas guardando para hacer durante toda tu vida y que, finalmente, ocupan tres cajones y unos cuatro Terabytes.
Miles de cosas que has ido dejando y que ahora parece que por su falta de actualidad, merecerían, mas, un paseo por el chino barcelonés o por la noche golfa de Madrid, antes que un serio interés por desempolvarlos. Pero ya se sabe que la razón, afortunadamente, no acompaña a los humanos en esos momentos en los que se llega a la solemnidad, nunca nada es tan importante como la mediocridad de los torpes, ni el discurso estéril de los que no saben de nada en una sociedad que solo premia a los bufones de palacio y a las cortesanas de tetas grandes.
¿Murió la imaginación? La virtud y la dignidad ya no son valores apreciables. La ignominia se ha convertido en un don en aquellos que la practican y el escándalo es pura apología y nunca una vergüenza para todos los nuevos becerros a idolatrar por una sociedad que ha perdido muchos de sus valores.
Muchas cosas en que pensar y demasiadas por hacer, sí, he escrito por hacer. Son esas miles de cosas que vas guardando para hacer durante toda tu vida y que, finalmente, ocupan tres cajones y unos cuatro Terabytes.
Miles de cosas que has ido dejando y que ahora parece que por su falta de actualidad, merecerían, mas, un paseo por el chino barcelonés o por la noche golfa de Madrid, antes que un serio interés por desempolvarlos. Pero ya se sabe que la razón, afortunadamente, no acompaña a los humanos en esos momentos en los que se llega a la solemnidad, nunca nada es tan importante como la mediocridad de los torpes, ni el discurso estéril de los que no saben de nada en una sociedad que solo premia a los bufones de palacio y a las cortesanas de tetas grandes.
¿Murió la imaginación? La virtud y la dignidad ya no son valores apreciables. La ignominia se ha convertido en un don en aquellos que la practican y el escándalo es pura apología y nunca una vergüenza para todos los nuevos becerros a idolatrar por una sociedad que ha perdido muchos de sus valores.
Mal día para dejar de tomar caramelos para la tos, si, por eso cuando me siento así, me refugio en Camus y pienso que no debo ser pesimista, hace más de cincuenta años, él ya escribía cosas así sobre el hombre moderno:
“Algunas veces pienso en lo que los historiadores del futuro dirán de nosotros. Una sola frase será suficiente para definir al hombre moderno: fornicaba y leía periódicos”. Albert Camus
Quizás ahora nos definiera con solo una de esas virtudes que solo él sabía ver.

Ojalá puedan decir más que eso de nosotros...
ResponderEliminarUn beso lector y agradecido.
Ojalá, Eva.
EliminarAh, el agradecido soy yo, yo soy un humilde navegante por la red que se refugia en los blogs que ofrece talento como el tuyo, Eva.
Un abrazo
Creo que de los hombres de ahora ni siquiera podrán decir que leían periódicos. Un abrazo,
ResponderEliminarCuanta razón tienes, mimarzgz.
EliminarUn abrazo