Fotografía de Robert Doisneau
09 diciembre 2020
Hubo un tiempo en que me atrevía con todo; hubo un tiempo en que soñar no era importante por innecesario; hubo un tiempo en que subía los peldaños de las escaleras de padre Claret de tres en tres; hubo un tiempo en que era capaz de lanzarme desde el último trampolín de la piscina de los Baños de San Sebastián en mi añorada Barceloneta; hubo un tiempo en que me subía y bajaba del tranvía en marcha; hubo un tiempo en que decidí ser un valorado profesional universitario; hubo un tiempo en que decidí tener mi propia morada; hubo un tiempo en que decidí casarme con aquella morenaza que todos perseguían; hubo un tiempo en que me puse a tener un enano precioso; hubo un largo tiempo en que empecé a trabajar casi doce horas al día; hubo un tiempo en que era reclamado para construir edificios en cualquier lugar y me puse a viajar … y a viajar más y más.
Hay un tiempo, ahora, que me gusta soñar; hay un tiempo, ahora, que me gusta vivir; hay un tiempo ahora, que me gusta, más, mucho más ... cual sea ese tiempo, pues lo que importa es que sea eso, solo eso, tiempo.
Yo no creo en la edad.
Todos los viejos
llevan
en los ojos
un niño,
y los niños
a veces
nos observan
como ancianos profundos.
¿Mediremos
la vida
por metros o kilómetros
o meses?
¿Tanto desde que naces?
Cuanto
debes andar
hasta que
como todos
en vez de caminarla por encima
descansemos, debajo de la tierra?
Al hombre, a la mujer
que consumaron
acciones, bondad, fuerza,
cólera, amor, ternura,
a los que verdaderamente
vivos
florecieron
y en su naturaleza maduraron,
no acerquemos nosotros
la medida
del tiempo
que tal vez
es otra cosa, un manto
mineral, un ave
planetaria, una flor,
otra cosa tal vez,
pero no una medida.
Tiempo, metal
o pájaro, flor
de largo pecíolo,
extiéndete
a lo largo
de los hombres,
florécelos
y lávalos
con
agua
abierta
o con sol escondido.
Te proclamo
camino
y no mortaja,
escala
pura
con peldaños
de aire,
traje sinceramente
renovado
por longitudinales
primaveras.
Ahora,
tiempo, te enrollo,
te deposito en mi
caja silvestre
y me voy a pescar
con tu hilo largo
los peces de la aurora!
Pablo Neruda
enriquetarragófreixes

Hola Enrique!!!
ResponderEliminarEs una entrada tan pero tan bonita!!!
Tan pero tan completa que no se si se puede decir mucho mas... Es bellisimo lo que has escrito sobre los tiempos y el poema de Neruda que completa el post MAGISTRALMENTE..
Una vez hace tiempo alguien me dijo que "tenemos la edad de quien nos enamoramos"..Me gusta pensar que cuando se está enamorado de LA VIDA ( como en tu caso)...ese tiempo es lo mas bello que podemos apreciar , agradecer y disfrutar...un tiempo que nos lleva de la mano.. Preciosa tu reflexión por tus palabras que siempre nos hacen pensar un poquito más en nuestro dia a dia... Besossss
Gracias Eli. Te diré que lo mío, quizás, no tenga mérito pues ya sabes aquello de... "las ganas de vivir son inversamente proporcionales al tiempo que nos queda".
EliminarUn abrazo muy fuerte y gracias por tus, siempre, cariñosos comentarios.